Cuando tu marca personal ya no representa a la profesional en la que te convertiste


Durante años enseñé marketing, trabajé con marcas y acompañé a otros a tomar decisiones estratégicas. Y aun así, cuando me tocó construir mi propia marca personal, aparecieron los miedos, las dudas y esa sensación de estar haciendo mucho sin tener siempre claro hacia dónde ir.
Me costaba entenderlo. Tenía experiencia en marketing, sabía de posicionamiento, propuesta de valor y estrategia de marca. Podía mirar el negocio de otra persona, hacer preguntas y detectar con bastante facilidad dónde había algo que ordenar.
Con el mío era distinto.
Había decisiones que ya no tenían que ver solamente con marketing. Tenía que pensar qué negocio quería construir, con qué tipo de clientes quería trabajar, qué parte de mi experiencia quería poner al centro y qué cosas ya no quería seguir sosteniendo solo porque hasta ese momento habían funcionado.
De ahí salió una idea que hoy influye bastante en mi manera de trabajar: una marca personal no puede pensarse dejando fuera a la persona que tendrá que sostenerla.
Cuando empiezas a cambiar cosas y nada termina de resolverlo
Esto lo veo también en consultoras, mentoras y profesionales que llevan varios años trabajando.
Tienen experiencia, clientes y un servicio que funciona, pero empiezan a sentirse incómodas con la manera en que presentan su trabajo. A veces les cuesta saber qué publicar. Otras veces revisan su web y sienten que ya no las representa. También puede pasar que sigan llegando clientes, pero no necesariamente aquellos con los que quieren trabajar en esta etapa.
Entonces empiezan los cambios.
Una nueva bio. Ajustes en la oferta. Otra forma de explicar lo que hacen. Una revisión de la web. Más formación. Una nueva estrategia de contenidos.
Nada de eso está mal. El problema es que puedes pasar mucho tiempo cambiando piezas sin tener claro qué estás intentando resolver.
Cuando la oferta, la comunicación, el contenido y el tipo de cliente empiezan a generar dudas al mismo tiempo, yo miraría un poco más atrás. Puede que la dificultad esté en el posicionamiento de la marca y en una dirección que todavía no has terminado de definir.
Tu negocio avanzó y tu marca se quedó en una etapa anterior
Creo que esto pasa bastante cuando llevas años trabajando.
Al principio tienes menos experiencias, menos servicios y menos caminos entre los que elegir. Con el tiempo acumulas conocimiento, trabajas con distintos tipos de clientes, descubres qué haces especialmente bien y también qué tipo de trabajo ya no quieres hacer.
Todo eso cambia tu manera de ver el negocio.
Pero tu marca no necesariamente cambia contigo.
Puedes seguir presentándote desde una especialidad que fue importante hace algunos años, aunque hoy tu trabajo sea bastante más amplio. Tu propuesta de valor puede seguir hablando al cliente que necesitabas atraer al comienzo. Incluso puedes seguir ofreciendo algo que se vende bien, aunque ya no quieras que sea el centro de tu negocio.
En ese momento, definir tu posicionamiento se vuelve más complejo porque tienes más cosas entre las que elegir.
Para una consultora o mentora con experiencia, muchas veces el desafío no está en descubrir qué sabe hacer. Está en decidir qué parte de todo lo que sabe quiere poner al centro de su marca y por qué.
Esa decisión después se nota en muchas partes del negocio: en la oferta, en los clientes que busca atraer, en los precios, en el contenido, en la web y en la forma en que explica su trabajo.
Por eso, cuando trabajo el posicionamiento de una marca personal, no me interesa encontrar solamente una buena frase para describir lo que alguien hace. Me interesa entender qué lugar quiere ocupar esa persona y si ese lugar tiene sentido para el negocio que quiere construir.
Reposicionar una marca personal sin borrar todo lo anterior
Cambiar el posicionamiento puede dar miedo, sobre todo cuando ya tienes un negocio que funciona.
Hay una pregunta bastante razonable detrás: ¿qué pasa con todo lo que ya construí?
En mi experiencia, revisar una marca que ha quedado desactualizada no significa empezar de nuevo. Hay mucho que vale la pena conservar: experiencia, clientes, reputación, resultados, conocimientos y una forma propia de trabajar.
Lo que necesitas revisar es qué sigue teniendo sentido para la etapa actual y qué pertenece a una versión anterior de tu negocio.
A veces el cambio será bastante visible. Otras veces consistirá simplemente en poner al centro algo que ya estaba ahí, pero que hasta ahora ocupaba un lugar secundario.
También puede ocurrir que descubras que tienes un buen posicionamiento desde el punto de vista comercial, pero que te está llevando hacia un negocio que no quieres.
Eso también importa.
Si una estrategia te ayuda a atraer más proyectos de un tipo de trabajo que ya no disfrutas, difícilmente va a sentirse como una buena estrategia durante mucho tiempo.
Por eso prefiero pensar el posicionamiento de marca personal junto con la dirección del negocio. Quiero saber cómo quieres ser reconocida, por supuesto, pero también qué quieres que ocurra como consecuencia de ser reconocida de esa manera.
Antes de cambiar la web, revisaría la dirección
Si sientes que tu marca ya no te representa, hay una tentación bastante lógica de empezar por aquello que se ve.
La web. Instagram. La bio. Los servicios. El contenido.
Yo no empezaría por ahí.
Primero intentaría precisar qué es exactamente lo que te incomoda hoy de tu negocio.
Puede ser que tu experiencia haya crecido y tu propuesta de valor todavía no consiga mostrarla. Puede que quieras trabajar con otro tipo de cliente. Quizás el servicio por el que más te conocen ya no es el que quieres desarrollar. O puede que simplemente estés en un momento en el que necesitas decidir cuál de todas tus capacidades quieres convertir en el eje de la siguiente etapa.
Hasta que eso no esté suficientemente claro, tomar decisiones sobre comunicación cuesta mucho más.
Y creo que por eso algunas personas pasan meses pensando qué publicar, cambiando frases de su web o revisando una oferta que nunca termina de convencerlas. Están intentando resolver en la comunicación una decisión que todavía no han tomado en el negocio.
Una frase que uso bastante para explicar esto es: a veces lo que parece falta de acción es falta de claridad.
Lo que cambió en mi manera de entender la marca personal
Con mi propia marca tuve que hacer ese recorrido.
Durante bastante tiempo la veía principalmente desde la comunicación: qué decir, cómo explicarme, cómo hacer visible mi trabajo y cómo venderlo.
Hoy me interesa más pensarla como una herramienta para decidir.
Si tengo claro el lugar que quiero ocupar, me resulta más fácil evaluar una oportunidad, decidir qué servicio desarrollar, reconocer con qué clientes quiero trabajar y elegir qué temas merecen mi atención.
Eso no significa definir una posición para siempre. Sería poco realista. Los negocios cambian y nosotros también.
Lo que sí busco es que exista cierta coherencia entre la profesional que soy en este momento, el negocio que quiero construir y la forma en que mi marca lo está expresando.
Precisamente de ahí nació Desde Adentro, un taller online en vivo de dos horas en el que vamos a trabajar la marca empezando por esas decisiones.
Está pensado para personas que ya tienen experiencia y un negocio en marcha, pero sienten que su marca no termina de representar el momento profesional en el que están.
Vamos a revisar qué quieres construir, qué quieres conservar, qué ya no quieres seguir sosteniendo y qué lugar quieres ocupar ahora. Después de eso tiene mucho más sentido hablar de comunicación.
Jueves 8 de octubre · 11:00 a 13:00 h Chile · Online · US$27
Si llevas un tiempo cambiando cosas en tu marca y ninguna termina de resolver esa incomodidad, puede que valga la pena mirar primero qué decisión hay detrás.
Me encantaría verte en este taller,
un abrazo,
Massiel




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