¿De qué sirve una buena estrategia si después no la llevas adelante?


He diseñado estrategias que después yo misma no era capaz de implementar.
Y eso que llevaba años trabajando en marketing. Sabía cómo desarrollar un plan, definir objetivos y seleccionar las acciones necesarias para alcanzarlos.
Pero cuando me tocó trabajar en mi propia marca, me encontré con una situación bastante frustrante.
Diseñaba estrategias que tenían todo el sentido, pero después postergaba algunas acciones, modificaba otras y había planes que terminaban guardados en un cajón.
Lo peor era que muchas de esas estrategias las había visto funcionar perfectamente en otros negocios.
Era conmigo que no funcionaban.
Y mientras seguía intentando llevarlas adelante, mi negocio tampoco avanzaba como quería.
¿Por qué me costaba tanto hacer algo que yo misma había decidido?
Al principio buscaba las explicaciones habituales: falta de tiempo, problemas de organización, otras prioridades...
Hasta que empecé a preguntarme qué era exactamente lo que me costaba de aquellas estrategias.
Y me encontré con distintas respuestas.
Había cosas que me daban vértigo, otras que evitaba por creencias tan arraigadas que ni siquiera era consciente de ellas, y algunas que, sencillamente, no encajaban con mi personalidad ni con la manera en que quería trabajar.
Incluso había decisiones que podían funcionar comercialmente, pero que me acercaban a un tipo de negocio que, en realidad, no quería construir.
Me había preocupado tanto de diseñar estrategias que funcionaran que había dejado fuera a la persona que tenía que llevarlas adelante: yo.
Y entonces recordé situaciones similares que había vivido con mis clientes.
Estrategias bien desarrolladas, decisiones que habíamos conversado y aprobado, pero que después, por distintas razones, no se implementaban.
Hasta ese momento, cuando ocurría algo así, solía pensar que el problema estaba en la ejecución.
Mi propia experiencia me hizo empezar a mirar las cosas de otra manera.
Primero tenía que entender qué me estaba frenando
Cuando empecé a comprender por qué había acciones que me costaba tanto realizar, también pude empezar a hacer algo al respecto.
Para mí, entender qué me frena es fundamental. Recién ahí consigo avanzar.
Aprendí a pedir ayuda con aquello que no sabía hacer, a reconocer creencias que tenía tan arraigadas que ni siquiera era consciente de ellas y que necesitaba empezar a cuestionar.
También empecé a escucharme más, en lugar de obligarme a seguir haciendo determinadas cosas simplemente porque era lo que se suponía que tenía que hacer.
Y cuando descubría que una acción no tenía mucho que ver con mi personalidad o con el negocio que quería construir, empecé a preguntarme por qué seguía insistiendo.
¿Y si podía alcanzar el mismo objetivo de otra manera?
Eso me permitió buscar alternativas. Algunas eran menos habituales, otras requerían probar cosas nuevas, pero tenían algo en común: además de responder a los objetivos de mi negocio, eran estrategias que yo estaba dispuesta a llevar adelante.
Por supuesto, después había que probarlas y ver qué resultados daban. Pero al menos había dejado de acumular planes que nunca llegaban a ejecutarse.
Entendí que podía cambiar la manera de hacer las cosas sin renunciar a lo que quería conseguir.
¿Hay alguna estrategia que llevas tiempo postergando?
Hoy esta experiencia está muy presente cuando trabajo con mis clientes.
Me interesa entender qué quieren conseguir con sus marcas, pero también conocer su personalidad, cómo les gusta trabajar y qué tipo de negocio quieren construir.
Porque he visto cómo una estrategia puede funcionar perfectamente para una persona y ser muy difícil de sostener para otra.
Y aquí quiero proponerte algo.
Piensa en alguna acción que aparece una y otra vez en tus planes, pero que nunca terminas de implementar.
Antes de volver a intentarlo, pregúntate:
¿Qué es exactamente lo que me impide hacer esto?
Quizá necesites aprender algo, pedir ayuda o enfrentar una creencia que te está frenando. Pero también es posible que descubras que esa forma de trabajar no tiene mucho que ver contigo.
Si es así, vuelve a tu objetivo y piensa qué otras alternativas tienes para alcanzarlo.
Lo importante es que puedas salir de esa situación en la que sigues haciendo planes, pero las cosas no avanzan.
A mí me tomó bastante tiempo entenderlo y todavía hay ocasiones en las que tengo que recordármelo.
Si te está pasando algo parecido, empieza por hacerte esas preguntas. Y si necesitas ayuda para revisar tu estrategia de marca y encontrar una manera de llevarla adelante, podemos trabajarlo juntas en una sesión de consultoría puntual esta la diseñé justamente para ayudar a otros a salir de momentos en los que sentía no avanzaba.
Un abrazo,
Massiel
PD: El jueves 8 de octubre realizaré mi taller online de marca Desde Adentro. Vamos a revisar qué necesita representar tu marca hoy y cómo tomar decisiones que también consideren tu personalidad y tu manera de trabajar.




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